La chancha, los veinte y la máquina de hacer satélites

Por Maximilian Rey. Militante de la Agrupación Rolando García, licenciado en química, trabajador de la Comision Nacional de Energía Atómica.

Ilustración por Zeintger.

El objetivo de esta nota es aportar un poco de claridad y explicar las implicancias para el programa satelital argentino del documento filtrado el día 16/07/17 en Economía Política (C5N).

A modo de resumen, algunas conclusiones que luego serán profundizadas:

  • La empresa ARSAT no será privatizada, pero este acuerdo es el inicio de la cesión de activos soberanos.
  • ARSAT y Hughes, una empresa norteamericana, formarán una empresa mixta (Newco) para el proyecto de provisión de internet satelital por banda Ka a través del futuro satélite ARSAT-3.
  • La empresa será controlada por los norteamericanos, que se garantizan no menos del 51% de la misma.
  • Las disputas judiciales referidas a la empresa quedarán bajo jurisdicción norteamericana, en Nueva York.
  • De no pasar por el congreso, el acuerdo violaría la ley de desarrollo satelital 27.208 ya que se estaría transfiriendo la disponibilidad de las posiciones orbitales a Newco.
  • El satélite ARSAT-3 será privatizado ya que será propiedad de esta empresa.
  • El satélite ARSAT-3 será construido por INVAP.
  • Toda la provisión de la tecnología para la banda ancha satelital por banda Ka será realizada por Hughes de acá en adelante, comprando un sistema tecnológico llave en mano.

El acuerdo, la empresa Newco y sus características generales

Comencemos por hacer una lectura firme y detallada de la evidencia. El documento filtrado, con fecha el 29/06/2017, es una carta de intención confidencial firmada por Rodrigo de Loredo, presidente de ARSAT y la firma norteamericana Hughes Network Systems LLC, una típica gigante del complejo militar-industrial de Estados Unidos. Esta carta apunta a la creación de una empresa mixta entre ambas partes (“Newco”, que viene de new company, un nombre genérico que se suele dar a nuevos proyectos en el mundo de los negocios) que pasaría a ser la dueña del ARSAT III y de todo el equipo de red (antenas, etc) en tierra, además de comerciar y manejar los servicios de comunicaciones de banda ancha satelital que proveerá el satélite.

El artículo 1.1.1 es el que deja uno de los detalles más importantes: el ARSAT-3 será comprado y propiedad de Newco. Además, cita algunos de los elementos que serán provistos por Hughes a la nueva empresa.

ARSAT 1

Newco será controlada por la firma norteamericana, ya que Hughes controlará no menos del 51% del patrimonio, mientras que ARSAT no más del 49%, quedando abierto el juego para la participación de terceros.

ARSAT 2

Entonces, Hughes será quien controla su política colocando el mayor número en el directorio, ya que tiene asegurada la mayoría en la sociedad (no menos del 51%).

ARSAT 3

Entonces, si Hughes controla Newco, y el satélite ARSAT-3 es propiedad de Newco, se puede concluir que con este acuerdo el ARSAT-3 será privatizado y, como agravante, a una empresa extranjera. Además, al quedar abierto el juego a otros actores privados, cabe la posibilidad de que la participación de ARSAT vaya achicándose progresivamente.

La cuestión legal

Cualquier disputa judicial pertinente a la empresa será regida por las leyes de Nueva York, perdiendo además la Argentina su soberanía en la cuestión jurídica. Basta con recordar al juez Griesa con sus embargos por el caso de los fondos buitre para entender lo que significa esta cuestión.

arsat 4

Otro aspecto a considerar es si este acuerdo, de realizarse, violaría la Ley 27.208 de Desarrollo de la Industria Satelital. Ésta expresa en su artículo 10:

ARTÍCULO 10. — Cualquier acto o acción que limite, altere, suprima o modifique el destino, disponibilidad, titularidad, dominio o naturaleza de los recursos esenciales y de los recursos asociados de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones y de las Telecomunicaciones, definidos en la ley 27.078 ‘Argentina Digital’, que pertenezcan o sean asignados a la Empresa Argentina de Soluciones Satelitales Sociedad Anónima  AR-SAT, requerirá autorización expresa del Honorable Congreso de la Nación.

Las posiciones orbitales son uno de estos recursos y sería transferida su disponibilidad a Newco (artículo 1.1.5 de la carta de intención), por ende efectivamente el tema debería ser tratado por el Congreso. En toda la carta de intención no existe referencia alguna a estas leyes argentinas, o a que para que haya acuerdo debería existir una decisión del congreso.

El reparto de la “torta tecnológica” del proyecto

Otro aspecto a considerar es la cuestión tecnológica. El satélite ARSAT-3 tiene como novedad respecto de sus dos predecesores que está proyectado para operar en la banda Ka de frecuencias, la cual se emplea para brindar Internet de banda ancha satelital. Veamos entonces cómo se repartiría la “torta tecnológica” del proyecto.  

En primer lugar, veamos qué es lo que será aportado por Argentina. El satélite ARSAT-3 será fabricado por INVAP, tal como estaba previsto, el que requerirá una inversión de 230 millones de dólares. ARSAT será la operadora del satélite, con personal propio, encargándose de lo que se llama TT&C (telemetry, tracking and command) desde su centro de control. Según Jorge Aliaga, ex decano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, esto es necesario para que Newco pueda usar la misma órbita que los ARSAT 1 o 2. Solamente está permitido por las regulaciones internacionales que varios satélites compartan la misma posición geoestacionaria si los opera una misma empresa que se asegure que todos están controlados y no pueden chocar entre sí. Esto se seguirá haciendo desde la base localizada en Benavidez. También proveerá de la fibra óptica y datacenters.

Hughes aportaría, llave en mano, todo su paquete tecnológico para lo que es la provisión de banda ancha por banda Ka. Sería, de ahora en más, quien provea las antenas terrestres (gateways) y otros equipamientos de red en tierra asociados a la provisión de la banda ancha, cuyo costo se estima en 50 millones de dólares.

Todo, incluyendo el satélite ARSAT-3, será de la empresa Newco.

En cuanto a lo que es el desarrollo de la tecnología, quedan abiertas interrogantes sobre si realmente era necesario un acuerdo de esta índole para poder proveer el servicio de banda ancha satelital en la argentina. Esto es también discutido por Aliaga en su análisis citado anteriormente.

¿La tecnología requerida para proveer servicios de banda ancha Ka, podría haberse desarrollado en nuestro país, en un tiempo razonable?  

¿De no ser posible desarrollar esta tecnología, podría haberse comprado en el exterior siendo administrada por ARSAT? Es decir de un modo inteligente, llamando a licitación abierta para fomentar la competencia entre los proveedores, desagregando las distintas partes a diversas empresas proveedoras y tratando de integrar la mayor cantidad de componente nacional.

Consulté sobre estas cuestiones via e-mail a Guillermo Rus, ex-vicepresidente de ARSAT, lo que me permitió esbozar estas respuestas.

Las posibilidades de desarrollo local total, no tiene condiciones claras. Los actores que manejan estos servicios (Hughes, Gilat, iDirect) tienen una escala global, es decir, la Argentina debería embarcarse a desarrollar esta tecnología (que se actualiza constantemente) desde cero y competir en el mercado mundial contra estos gigantes. Sumado a esto esta tecnología viene en paquete cerrado, no siendo factible la incorporación de componente nacional.

¿Cuál era la visión anterior para la provisión de servicio? Que ARSAT sea operador y actue como mayorista de estas compañías proveedoras de Internet, quedandose con el 75% del valor final de la cadena de comercialización del Mbps (megabit por segundo).

Continuidad en el desmantelamiento de una política satelital

El plan satelital argentino encabezado por ARSAT como institución madre fue, sin lugar a dudas, la apuesta científico-tecnológica más grande que hizo el gobierno kirchnerista, junto con la reactivación del plan nuclear argentino. El objetivo fue el de crear desde cero un sector industrial de alta tecnología en nuestro país, una inversión tan riesgosa que espanta a cualquier capital privado de realizarla. Para la Argentina es nuestra frontera tecnológica local, es el equivalente a las cuantiosas inversiones que realizan hoy en día el estado norteamericano en Nanotecnología o el estado Alemán en energías renovables.

La creación de ARSAT fue un ejemplo de lo que Gabrielle Hecht denomina tecnopolítica, “la práctica estratégica de diseñar o usar la tecnología para constituir, encarnar o impulsar objetivos políticos”. La Argentina buscó, a través de ARSAT y el Plan Satelital Geoestacionario Argentino 2015-2035, la capacidad de liderar un plan de desarrollo de la industria satelital en nuestro país en cuanto a la fabricación de satélites y a la provisión de servicios conexos, buscando además una inversión en investigación y desarrollo que pueda derramarse y ser aprovechada por el entramado industrial nacional.

Este acuerdo con Hughes va en contra de estos objetivos. El rol en que se coloca a ARSAT, que “buscará las maneras y hará esfuerzos razonables para trabajar con autoridades y entidades en Argentina para promover regulaciones y políticas, orientadas a apalancar y asegurar las inversiones de las partes en el proyecto (…) priorizando el uso de ARSAT-3 a la provisión de servicios de banda ancha” pasa a ser el de un mero intermediario para asegurar los negocios de esta nueva empresa, lo que esencialmente es relegar soberanía en la toma de decisiones sobre el proyecto ARSAT-3 ante una empresa norteamericana. Además, este acuerdo contempla la posibilidad de que a futuro ARSAT y Hughes inviertan conjuntamente en satélites más allá del ARSAT-3, lo que deja abierto el juego a modificaciones de la política de Estado que nuestro país ya se había dictado: en el Plan 2015-2035 se contemplaba la creación de varios satélites a futuro.

En cuanto a lo tecnológico, puede ser que ARSAT no tenga más opción que abrir el juego a un actor privado para la provisión de este servicio. Sin embargo, esto podría hacerse de otro modo, donde efectivamente ARSAT actúe como proveedor mayorista del ancho de banda, siendo dueña del ARSAT-3 y donde la empresa privada solo se circunscriba a prestar el servicio de Internet satelital. Si efectivamente se decidiera avanzar en una asociación público-privada, considerando los niveles de inversión de cada parte y el rol estratégico del desarrollo satelital en el país ¿no podría controlar ARSAT por lo menos el 51% de la nueva empresa, en lugar de dejarlo en manos de una multinacional estadounidense vinculada al sector militar de dicho país?

Este documento vino a confirmar una verdad de perogrullo. Ya no es el verso de que los 24 despedidos son grasa militante, del mal manejo de los fondos de la empresa, de que no se vendía su capacidad o que el ARSAT-3, según Lino Barañao, “pertenece a una generación de satélites que está obsoleta”.

No es nada de eso: ARSAT no cabe en la mentalidad de un gobierno liberal, es una “industria artificial” en un país cuyo destino no puede ser más que el de un exportador de materias primas. Sin embargo, al asumir el poder, ARSAT estaba ahí. Una porción de gasto público más, otra “pesada herencia” contraria a su ideología económica y política. Rodrigo de Loredo afirmó en la Nación, el mismo día que se firmó el acuerdo que “estamos en otras condiciones a la hora de evaluar misiones satelitales a futuro, con la posibilidad de poder construir satélites sin estar financiados por el Estado Nacional”. 

Para el gobierno, no existe consideración alguna en materia de política tecnológica y de soberanía en la toma de decisiones. Con tal de reducir el déficit fiscal, (en gran parte generado por ellos mismos al eliminar las retenciones a la exportación de granos y a la minería), entregamos el satélite ARSAT-3 a una empresa extranjera y abrimos el juego a que esta Hughes empiece de ahora en más a dictar nuestra política satelital. Si el problema es de de financiamiento, ¿qué son los 270 millones de dólares que costaría este proyecto al lado de los más de 77.000 millones de dólares con los que se endeudó el gobierno macrista?

La hipocresía del gobierno está a la vista: el gabinete habla a diario del esfuerzo individual y del emprendedurismo, con la liviandad de decirle a un argentino que perdió su empleo que se ponga a fabricar cerveza artesanal, pero deja de lado el rol fundamental que le cabe al Estado como emprendedor.

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4 comentarios en “La chancha, los veinte y la máquina de hacer satélites

  1. Capaz que tenes razón en un 100%, pero… leer en una misma nota, “militante”, “Agrupación”, “C5N”, “más grande que hizo el gobierno kirchnerista”, ya huele a podrido y corrupcion, si corrieras el eje, capaz que mas gente tomaría en cuenta tus dichos, suerte!.

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    1. Las cosas son así, si las personas tienen prejuicios es problema de ellos, si deciden emparentar el lenguaje de la política con cuestiones negativas, es un problema suyo, no voy a andar disfrazandome de que soy “voluntario en una ONG” porque no lo soy.

      Y si hubo políticas buenas del gobierno kirchnerista, ¿por qué no las voy a reconocer?

      Saludos.

      Le gusta a 2 personas

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